REVIEW - CRISOL: THEATER OF IDOLS
Acabamos de dejar atrás la Semana Santa, una festividad que se me antoja terrorífica desde que era niño. Esto no es debido a mi ateísmo recalcitrante, sino más bien al colapso absoluto que experimenta la ciudad en la que vivo durante la celebración de la misma. Culpa de ello la tienen las “procesiones”, los desfiles cristianos en los que se pasean figuras de cera, madera y metal representativos de la vida y muerte de Cristo, acompañados de gente disfrazada de nazareno y de bandas musicales solemnes y terriblemente estruendosas. Sin embargo, este año contaba con la oportunidad de escaparme de todo el jaleo alrededor de la Semana Santa viajando a Rumanía, tierra de vampiros empaladores, de polenta –o mamaliga– y de infraestructuras corroídas tanto por el óxido como por el recuerdo de Ceaușescu. Me creí a salvo de cristos y vírgenes por un año –tonto de mí– , olvidando que a la vuelta me esperaba Crisol y su particular universo de fantasía-terror hispánico.

Crisol: Theater of Idols es la obra primogénita de la desarrolladora madrileña Vermila Studios, los cuales han optado por seguir la estela de Blasphemous a la hora de traer la cultura y mitología cristiano-española al mundo de los videojuegos. Para ello han escogido el género del “survival-horror” (o acción-terror) para sumergirnos en el universo de Hispania y en la penumbrosa isla de Tormentosa, siguiendo los designios del dios Sol.

En esta semanasántica aventura encarnamos a Gabriel Escudero, capitán de los Tercios del Sol, despertando en las costas de la isla de Tormentosa sin mucha idea de cómo hemos llegado ahí pero con la certeza de estar cumpliendo la voluntad del dios Sol. No tardamos en comprobar que la localidad no se encuentra pasando su mejor momento: calles destrozadas, tiendas vandalizadas, viviendas abandonadas, cadáveres amontonados en las esquinas… Todo apunta a que la isla se encuentra en medio de un gran conflicto o que este año se ha adelantado la invasión guiri. Por si fuera poco, parece que por estos lares no se estila el culto a Sol sino al Mar, una deidad antagónica que ha decidido dar vida a todas las esculturas santas de su religión en forma de autómatas asesinos o “astillados”, como parte de un ritual para despertar de su letargo. Nuestra misión será acabar con este falso dios, trayendo de vuelta la luz del Sol a Tormentosa.

En cuanto al elenco de personajes, Gabriel es un protagonista solitario, de carácter hosco y con una fe que roza el fanatismo. Para compensar el carácter de Gabriel, el juego nos presenta a Mediodía, miembro de un grupo de creyentes del Sol y la única colaboradora que tendremos en Tormentosa. Su personalidad risueña e infantil contrasta con la de Gabriel durante sus conversaciones y será el catalizador principal para el desarrollo de la personalidad del protagonista durante la aventura. Sin embargo, se echa en falta más interactividad con los escasos personajes que presenta el juego, puesto que en la mayoría de los casos Gabriel solo interactúa con ellos a través de la radio de forma muy superficial y escueta, con la excepción del antagonista principal, el Padre Arroyo, cuyas conversaciones incitan a Gabriel a plantearse su misión.

Por otro lado, Crisol no solo busca narrar con sus diálogos sino también con su impresionante estética y su iconografía. Apoyándose en el imaginario cristiano para el diseño de los llamados “astillados” y con una dirección artística que representa a Tormentosa como una suerte de pueblo español sureño en fallas, no resulta extraño encontrar elementos culturales referentes a nuestra querida españita. Elementos diseñados con un enfoque particular para acercarnos a esta versión alternativa de la España del siglo XX: recetas de tortilla de patatas –con cebolla, por supuesto– , carteles de corridas de “ofiotauros”, anís del calamar, anclas del Dios del Mar a modo de cruces y otros tantos paralelismos españolisticos. No hay duda del gran esfuerzo y trabajo que Vermila Studio ha realizado en su apartado estético, creando un universo hispánico alternativo con elementos de horror-folklórico que resulta único y llamativo a parte iguales.


Centrémonos un momento en los principales enemigos de Crisol, los “astillados”. Estas figuras santas hechas de madera nos perseguirán desde el momento en que nos vean, marchando de forma errática –pero constante– como marionetas controladas por un hilo invisible. Gabriel contará con su fiel pistola del ejército y un cuchillo táctico para enfrentarse a ellas. ¿Pero puede el metal detener la mística energía que anima a los astillados? Claro que no, mas Gabriel es el enviado del Sol y este lo dota de su bendición para usar su propia sangre como munición santa. Una excusa diegética para la introducción de una mecánica de riesgo-recompensa, al necesitar usar la propia salud del jugador como arma para derrotar a los astillados. Esta mecánica –junto con su estética– configura uno de los principales atractivos de Crisol, permitiendo mantener la tensión del jugador durante los primeros compases del juego, pero perdiendo fuerza conforme Gabriel se convierte en un ejército de un solo hombre a medida que conseguimos mejoras y armas.

A pesar de la fe inquebrantable de Gabriel y los dones otorgados por Sol, no todos los enemigos caerán ante la fuerza de nuestras sanguinolentas balas. Aquellos que conozcáis a los Big Daddies o a Jack Baker estaréis familiarizados con el concepto del enemigo invencible tipo Alien, inmutables al daño y siempre persiguiendo al jugador, que debe esconderse o idear estrategias de escape para liberarse del mismo. En Crisol tenemos a Dolores, una suerte de virgen metálica gigante que nos perseguirá sin descanso para arrancarnos la cabeza, digno de un concierto de la Rosalia. Los segmentos en los que nos crucemos con ella convertirán el escenario en un juego del escondite mortal que, si bien aporta dinamismo a lo que por otra parte es un diseño de niveles lineal, pierde su factor terrorífico en cuanto descubres lo limitado de su inteligencia artificial, convirtiéndose en un simple trámite desde el segundo o tercer encuentro.

Hablando del diseño de niveles, Crisol configura su aventura en una serie de áreas a las que nos dirigiremos desde una base central para buscar las claves con las que acabar con el Dios del Mar. En dichas áreas tendremos que abrirnos paso a balazos entre astillados mientras buscamos objetos clave que nos permitan acceder a la zona final de dicha área, siendo eventualmente sometidos a alguna prueba de ingenio o al pilla-pilla de Dolores. Es un diseño clásico y estrictamente lineal, que recuerda fuertemente a las principales inspiraciones de Crisol: Bioshock y Resident Evil 7. Si bien contempla desvíos y secretos en sus escenarios, donde hallar algunos de los coleccionables del juego o conocer algunas de las pequeñas historias de los habitantes de Tormentosa.

Crisol no es un juego largo –aproximadamente 10-15 horas de duración– y no necesita serlo. De forma similar a los juegos en los que se inspira, su trama inicial se apoya con fuerza en el terror que generan los astillados y en la inquietante sociedad de la propia Tormentosa. Pero una vez que tenemos claro el objetivo, el juego va disminuyendo su faceta más terrorífica en favor de motivar a Gabriel –y al jugador– a preguntarse qué se oculta realmente bajo la isla. Amenazando con un giro de guión que, si bien tiene menos impacto en aquellos que conocemos su inspiración, sabe mantener el interés de cara al final de la aventura.

En definitiva, Crisol: Theater of Idols es una primera propuesta ambiciosa por parte de Vermila Studios y que estoy seguro que ha puesto a prueba la fe del estudio en más de una ocasión, pero que me alegra comprobar que han logrado cumplir con las expectativas que tenía del mismo. Ahora bien, ¿creéis que Gabriel mantendrá su fe durante su aventura? Tendréis que recorrer el estrecho camino que yace entre la piadosa mentira y la cruel realidad para descubrirlo. Coged asiento, agarren el mando y disfruten del teatro.