Compárteme tu cuerpo

Compárteme tu cuerpo
Portada del cómic "Esos días que desaparecen", de Timothé Le Boucher

Un cuerpo, varias identidades

A principios de año escribía sobre ladrones de cuerpos en este post dedicado al género de Body Snatchers, aprovechando el estreno de la serie Pluribus (Vince Gilligan, 2025). Esta serie, sin entrar en más detalles, explora las interacciones de una consciencia colectiva que habita muchos cuerpos, algo característico de este género.

Sin embargo, no sé cómo llamar a las historias donde encontramos varias identidades compartiendo, o creándose, a raíz de un mismo cuerpo. Podríamos pensar en personalidades múltiples, un tópico que abordan películas como Split (M. Night Shyamalan, 2016) y otras películas que quería añadir aquí, pero hacerlo sería un absoluto spoiler. Por eso no quiero escribir sobre personalidades múltiples, sino de cuerpos compartidos. De las identidades que surgen en una misma persona a raíz de una escisión específica y concreta, y se ven forzadas a convivir en un mismo cuerpo. Como El extraño caso del Doctor Jekyll y Míster Hyde (Robert Louis Stevenson, 1886). Que yo creo que, a estas alturas, ya no cuenta como spoiler.

Esta reflexión sobre cuerpos compartidos surgió hace unas semanas, cuando leí el cómic Esos días que desaparecen, de Timothé Le Boucher. Un cómic que ya tiene unos añitos. Si seguís a Carla Plumed en su cuenta de instagram @cafedetinta, sabréis que tiene una sección chulísima titulada “Te recomiendo un libro que el algoritmo ha olvidado”. En este momento en el que vivimos, donde solo hablamos de novedades, parece que no interesa tanto leer sobre esas obras que están en el limbo entre lo novedoso y lo nostálgico. Tiene un clickbait difícil. Y es precisamente por eso que creo que, como hace Carla en sus publicaciones, es necesario rescatar estas historias del limbo.

Imagen de Esos días que desaparecen, donde Lubin se quita una máscara que es su propia cara

La separación de la mente

En este caso, Le Boucher publicó este cómic en el año 2019, hace ya siete años, y llegué a él gracias al club de lectura de cómic de la librería 7 Héroes. Cuenta la historia del joven Lubin,  un muchacho actor y acróbata, que empieza a darse cuenta de que hay días que no recuerda. Hasta que descubre que dentro de su cuerpo ha aparecido otra personalidad, que nada tiene que ver con la suya. ¿Por qué ha sucedido esto? A partir de este evento, que comienza de forma inesperada, Lubin se tendrá que enfrentar a una serie de situaciones que definirán el curso de su vida: ¿Cómo puedo compartir mi cuerpo con alguien que no soy yo? ¿Qué pasa con mis relaciones personales, amistades, familia, pareja, trabajo? En el club de lectura surgieron referencias a obras de temática similar, y todas ellas nos permiten abordar distintos aspectos de las diferentes identidades que cohabitan un mismo cuerpo.

Portada del cómic "Esos días que desaparecen", de Timothé Le Boucher

Tres años después de la publicación de Esos días que desaparecen, llegó a nuestros televisores Severance, la serie de Apple TV sobre los empleados de Lumon, creada por Dan Erickson y Ben Stiller. Estos empleados se someten al proceso de separación (severance) de su consciencia: se realiza una escisión entre el yo trabajador y el yo no-trabajador. De esta manera, aquellas personas "separadas" a través de este proceso viven como si nunca trabajaran: no saben exactamente qué pasa dentro de la oficina. Eso les permite no llevarse trabajo a casa y, sobre todo, no pensar en el trabajo fuera de su horario laboral. Esto pinta muy bonito, pero tiene una consecuencia: ¿qué pasa con esa otra parte? ¿Quién es esa persona? ¿Es real? ¿Tiene derecho a ser real?

Dos años más tarde, a finales de 2024, pudimos ver en los cines la que se convirtió en una de las películas del año, con nominación a los Óscar incluida. Hablamos de La Sustancia (The Substance), dirigida por Coralie Fargeat y protagonizada por Demi Moore y Margaret Qualley. En esta ocasión, también existe además una escisión corporal que permite que surja una copia (o, como diríamos los informáticos, una instancia) de la persona original. Esta nueva versión es la versión joven del original, resultado de un extraño y sangriento proceso de mitosis, y los límites entre quién es quién y qué parte de la conciencia es compartida se van difuminando poco a poco.

Demi Moore en La Sustancia, mirándose en el espejo de su cuarto de baño

Un aspecto que caracteriza y une estas historias es la necesidad de las identidades de coordinarse y planificar su coexistencia. Ya sea a través de cartas, vídeos o incluso amenazas corporales, en algún momento es necesario hablar de lo que está sucediendo. De ponerse de acuerdo. Y no siempre es sencillo ponerse de acuerdo con uno mismo.

¿Quién soy yo?

En todas estas obras existe la inevitable reflexión de cómo nos afecta a las personas la coexistencia de nuestras diferentes facetas, y cómo estas conviven entre sí. En Esos días que desaparecen nos permitimos reflexionar sobre el yo racional y el yo aventurero, entre lo práctico y lo pasional, y cómo esto se ve afectado por el paso a la edad adulta. ¿Qué significa ser adulto? ¿Crecer significa renunciar a tus sueños? ¿Quiénes son las personas que te acompañan durante toda tu vida o, al menos, a una parte de ti?

La reflexión de Severance también está clara: ¿Somos la misma persona dentro y fuera del trabajo? ¿Quién soy cuando le hablo a mi jefe? ¿O cuando finjo que me importa la tarea que estoy haciendo mientras que, en realidad, me da absolutamente igual? ¿Me define mi profesión cuando no la estoy ejerciendo? Es muy habitual, cuando conocemos a alguien, preguntarle a qué se dedica. ¿Es verdaderamente importante? ¿Serías capaz de definirte sin necesidad de explicar a qué te dedicas?

Personajes principales de Severance, posando en la oficina

Por último, en La Sustancia, entra en juego esa desincronización que ocurre entre cuerpo y mente, no solo por la transformación del cuerpo, sino también por lo que lo rodea. Una mente joven en un cuerpo que, inevitablemente, continúa envejeciendo. Al que se le cierran puertas profesionales, al que miran con otros ojos, un cuerpo que ya no interesa. ¿Cuál es el precio de volver a tener un cuerpo joven? ¿Habría aprendido tu mente de los errores cometidos durante los años? ¿O volvería a cometerlos, al disponer de nuevo de más tiempo?

Una vez más, la ciencia ficción nos permite construir estas situaciones que, si bien son imposibles, no por ello representan menos la realidad. A día de hoy convivimos, además, no solo con esa versión de nosotros mismos que somos mientras trabajamos, o mientras estamos con nuestra familia, sino también aquella (o aquellas) que exponemos a los desconocidos, en esa versión modelada de lo que queremos ser o lo que queremos mostrar, pero que no tiene por qué ser lo que verdaderamente somos. Y esa versión, a su vez, tampoco tiene por qué ser siempre un personaje, o representar algo irreal: puede, sencillamente, exponer aquella parte de nosotros que nos apetece compartir.

Para partirse (de risa)

Si os han gustado estas referencias, pero además de reflexionar queréis también un poco menos de drama y algo más de humor, os traigo dos recomendaciones extras finales:

Portada de Puedes llamarme Espátula, por Lucyna Adamczyk
  • Puedes llamarme Espátula, de Celia Corral-Vázquez (2023), que publicamos en Droids&Druids y que además está disponible en formato audiolibro en varias plataformas, como en Storytel. En este caso, debido a un pequeño error tecnológico, surge una separación cuerpo-mente entre el malhumorado Atilio y una nueva consciencia mucho más pizpireta: Espátula.
  • El vizconde demediado, de Italo Calvino (1952). En este caso, tras una batalla, el Vizconde Medardo de Terralba se divide en dos personalidades claramente diferenciadas por el bien y el mal. Sin embargo, tras una serie de circunstancias, estas personalidades volverán a unirse.

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