Body Snatchers: Devuélveme mi cuerpo
A lo largo de la historia, los seres humanos hemos intentado dar respuesta a múltiples cuestiones sobre nuestra propia naturaleza, y hay una que destaca por encima de todas: ¿qué nos hace humanos? “Was ist der Mensch?” (¿Qué es el hombre?), preguntaba Kant.
El lenguaje, la consciencia de la muerte o la búsqueda de la felicidad son algunas de estas respuestas desde un punto de vista antropológico, pero esta cuestión también depende de nuestra estructura genética así como de otros factores biológicos, climáticos y sociales. No es tan sencillo de responder, por supuesto, ni siquiera cuando nos salta un captcha preguntándonos: ¿Es usted un robot?
No lo sé, ¿lo soy?
Es posible que no sepamos, todavía, qué nos hace humanos. Sin embargo, hay algo intrínseco en nosotros mismos que nos hace capaces de detectar qué (o quién) no es humano. Y nosotros, haciendo uso de nuestras facultades más creativas, hemos imaginado escenarios inventados que nos invitan a reflexionar sobre esto.
Y para crear estos escenarios nos hemos valido, como no podía ser de otro modo, de la ciencia ficción. Desde los replicantes de Blade Runner (Ridley Scott, 1982 ) y las máquinas de Matrix (Hermanas Wachowski, 1999), que planean un escenario de entidades artificiales y la convivencia humano-máquina, hasta la recién estrenada serie Pluribus, de AppleTV. Una serie que bebe del subgénero en el que se centra este artículo, cuyo origen se remonta varias décadas atrás: los body snatchers.
E pluribus unum (de muchos, uno)
Los ladrones de cuerpos
En 1956 se estrenaba Invasion of the Body Snatchers (La invasión de los ladrones de cuerpos), dirigida por Don Siegel, que marcó el inicio de una icónica serie de remakes donde la premisa es siempre la misma: unos alienígenas llegan a un pequeño pueblo y comienzan a abducir a las personas, introduciéndose en su cuerpo, reemplazando su identidad bajo una apariencia humana.

If you were going to take over the world, would you blow up the White House “Independence Day” style, or sneak in through the back door? —The Faculty, 1998
Si tuvieras que conquistar el mundo, ¿volarías la Casa Blanca al estilo “Independence Day” o entrarías por la puerta trasera? — The Faculty, 1998
Hay un total de tres películas de body snatchers (1956, 1978 y 1993), a las que siguieron otra serie de obras de temática similar, como They Live (1988), The Faculty (1998) o The Invasion (2007). Este subgénero se enmarca dentro de otro subgénero, el de “invasión alienígena”, que también surge de otra pregunta muy humana: ¿estamos solos en el universo?
Dentro del género de invasiones encontramos obras famosas como La Guerra de los Mundos (H.G. Wells) o El Eternauta (Héctor Germán Oesterheld), entre muchísimas otras. Pero en los body snatchers esta cuestión se suprime desde el principio: no, no estamos solos. Estamos rodeados de alienígenas que han usurpado cuerpos humanos y han suplantado su identidad. Están entre nosotros. Y si no los detenemos, van a acabar con la humanidad. En They Live (John Carpenter, 1988) el protagonista, John Nada, se hace con unas gafas que le muestran la verdadera naturaleza de aquel al que mira, descubriendo así que está rodeado de extraterrestres suplantadores de cuerpos.
Por lo general, se van sucediendo una serie de abducciones (más o menos grotescas, según el nivel de body horror que quiera incluir el filme) de manera gradual, dando la oportunidad a los protagonistas a descubrir cómo pueden combatir y detener la invasión. Los alienígenas, en ocasiones, se recrean un poquito en este proceso. Como podemos ver en The Faculty (Robert Rodríguez, 1998), los alienígenas empiezan usurpando la identidad de los profesores de un instituto, pero manteniendo sus quehaceres: siguen dando clase y entrenando al equipo de fútbol americano de cara al próximo partido. Mientras beben mucha agua, porque otra cosa no, pero los humanos tenemos unos niveles de H2O muy apetitosos.

Todos estos cuerpos parecen formar parte de una conciencia compartida que les permite comunicarse entre sí, lo que conocemos popularmente como mente colmena. Esta analogía implica, normalmente, que existe una abeja reina que controla al resto. En The Faculty hay un diálogo que hace referencia, precisamente, a las películas de body snatchers, donde uno de los personajes principales afirma que la existencia de estas películas es un aviso para que los humanos estemos preparados ante lo que pueda suceder. Cultura pop al rescate. Gracias a esto, sabemos que la posibilidad de sobrevivir a la invasión se centra en dos tareas específicas: encontrar el punto débil de los alienígenas y destruir a la reina.
They've just been setting us up over the years with their E.T.'s and their Men In Black movies, just so no one would believe it if it ever happened —The Faculty, 1998
Nos han estado preparando durante años con sus E.T. y sus películas de Men in Black, solo para que nadie se lo crea si alguna vez pasara — The Faculty, 1998
La humanidad en peligro
Durante esta carrera por sobrevivir se combinan dos miedos: el miedo individual y el miedo colectivo. Por un lado, no queremos perder nuestra identidad, lo que nos hace ser seres individuales, con consciencia propia, capaces de discernir lo que nos gusta de lo que no y ser dueños de nuestras decisiones. Por otro, no queremos dejar de pertenecer a una comunidad de individuos, como si proteger el concepto de humanidad fuera nuestro deber. Sí, somos seres sociales y queremos seguir viviendo junto a nuestros amigos, porque nuestra identidad radica en nosotros mismos pero también en nuestra relación con el resto.
Sin comunidad, no hay humanos. Y no hay nada más humano que cuestionarse la propia existencia, pero además, querer protegerla.
My name is Manousos Oviedo. I am not one of them. I wish to save the world —Pluribus, 2025
Mi nombre es Manousos Oviedo. No soy uno de ellos. Quiero salvar el mundo —Pluribus, 2025
Sin embargo, hay algo con lo que no contaba este intrépido grupo de supervivientes intentando salvar el mundo: la promesa de un mundo mejor. Aquí es donde las tramas se bifurcan: no sabemos si los extraterrestres quieren nuestro bien y también el bien del planeta Tierra o, por el contrario, quieren destruirlo todo. En They Live está claro que son el enemigo: los alienígenas llevan años infiltrados causando guerras y sufrimiento. Pero, ¿qué pasa cuando la alternativa es más esperanzadora?

Si hay algo incuestionable es que la humanidad deja mucho que desear. No lo estamos haciendo muy bien, que digamos: nos matamos los unos a los otros, no cuidamos lo suficiente de nuestro planeta y el miedo y el dolor copan nuestros días de manera inevitable. De esto es de lo que se aprovechan nuestros incómodos invitados: nos prometen que van a poner fin a todo aquello que nos duele, que la verdadera felicidad está en formar parte de la comuna alienígena de mentes entrelazadas donde no hay espacio para el sufrimiento. Es un argumento, sin duda, muy atractivo.
Aquí es donde la cosa se complica.
La promesa de la felicidad
En The Faculty, cuando alguien es abducido (de una manera muy poco amable, por otra parte) atraviesa un formidable glow up: es más atractivo, más fuerte y, sobre todo, más feliz. Y además, una vez pasan a formar parte del club, te prometen que se sienten mejor que nunca. Que la vida, de pronto, es bonita. Que ya no hay miedo ni dolor. Y aquí es cuando comenzamos a dudar.
I thought that maybe I could give you a taste of my world. A world without anger, without fear, without attitude. Where the underachiever goes home at night to parents who care. The jock can be smart, the ugly duckling beautiful, and the class wuss doesn't have to live in terror — The Faculty (1998)
Pensé que podría mostraros mi mundo. Un mundo sin ira, sin miedo, sin actitud. Donde el que no es suficiente regresa a casa por la noche con padres que se preocupan por él. El deportista puede ser inteligente, el patito feo guapo, y el cobarde de la clase no tiene por qué vivir aterrorizado — The Faculty (1998)
Es prometedor pero, al mismo tiempo, da la sensación de estar leyendo un libro de autoayuda. La palabra griega “eudaimonía” (eu —bueno, daimon — espíritu) se utiliza para nombrar a la felicidad, definiendo esta como el resultado de vivir una vida buena. Pluribus explota este recurso, y es lo que hace que esta serie destaque dentro del género de los body snatchers. Y es que aquello que ha convertido a la humanidad (bueno, a casi toda la humanidad) no es el clásico alienígena usurpacuerpos sanguinolento al que estamos acostumbrados en los cuentos de invasiones, sino que es una invasión con pretensiones hopepunk.
Pluribus elimina el componente de acción, donde estamos acostumbrados a que los protagonistas tengan que huir a contrarreloj, escapar, esconderse de unos agresivos extraterrestres. En esta historia, un número (muy) reducido de personas es inmune al virus alienígena que ha convertido al resto de la humanidad en una gigantesca mente colmena. Este nuevo ente se comporta como un único individuo a través de una conciencia compartida y, por encima de todo, asegura que formar parte de esa identidad conjunta es el camino a la verdadera felicidad. Una mente colectiva cuyo objetivo principal es hacer el bien y cuidar de todos los seres vivos del planeta por encima de todas las cosas. No parece tan malo, ¿verdad?
¿Qué harías si fueras Carol Sturka, la protagonista de Pluribus, una de las personas inmunes al virus que tiene que convivir con individuos pacíficos, interconectados por una mente colmena que solo desea el bien? ¿Aceptarías tu destino y, por ende, el de toda la humanidad? ¿O dedicarías el resto de tu vida a encontrar el punto débil de los invasores y acabar con su reina?
El valle inquietante y la muerte de la cultura
Sin ahondar en la trama de la serie para aquellos que todavía no la hayan visto, podemos comentar algunas de las cuestiones que nos pueden surgir al verla.
Cuando los ladrones de cuerpos utilizan los cuerpos humanos —o sus copias engendradas en las vainas, según la película de turno—, estos imitan de una manera bastante precisa el comportamiento de las personas. En esa palabra está la clave: imitan. Quizá sea por las limitaciones del propio cuerpo o por la necesidad de querer sentirse humanos, pero los que no somos alienígenas sabemos que algo falla. Esta sensación que se produce cuando observamos, leemos o escuchamos algo que se parece demasiado a lo que podría decir una persona pero, en el fondo, sabemos que no lo es, es la sensación del valle inquietante (uncanny valley).
¿Quiénes son los replicantes? ¿Estoy leyendo una imitación? ¿Por qué siento extrañeza al interactuar con esta persona? Es una sensación parecida cuando interactuamos con un post escrito por un bot o vemos una imagen generada por Inteligencia Artificial, un argumento que se ha utilizado para comparar la aparente inocua nueva humanidad en Pluribus con la tecnología con la que interactuamos hoy en día. Y esto, precisamente, nos lleva a la siguiente reflexión.
Carol Sturka, como vemos en los primeros minutos de metraje, es una famosa escritora. Si de pronto todos los escritores del mundo pasaran a formar parte de la mente colmena, ya no habría nada nuevo que leer, nada por lo que sorprenderse. Solo Carol podría escribir historias nuevas y genuinas. Por lo tanto, la mente colmena implicaría la muerte de la cultura. Y sabemos que la cultura nos hace humanos. Si seguimos este razonamiento, podríamos afirmar que la mente colmena no es humana, por mucho que lo parezca o que intente parecerlo.
Si confiamos a ciegas en la mente colmena, que todo lo conoce y todo lo habita, puede que tengamos una sensación de felicidad plena, pero perderemos aquello que nos hace humanos.