Meddling Kids, de Edgar Cantero: cuando resolver el misterio no basta

Cuatro siluetas de personas y la silueta de un perro, de espaldas frente a las escaleras que conducen a una casa decrépita.

Toda historia de misterio promete orden. Un inicio confuso, una investigación, una verdad final que encaja las piezas y devuelve al mundo cierta estabilidad. Meddling Kids se construye sobre esa promesa solo para dinamitarla desde dentro.

Edgar Cantero parte de un referente cultural inmediato: un grupo de adolescentes que, en los años noventa, resolvió un caso aparentemente sobrenatural en un pequeño pueblo. Hubo un monstruo, hubo persecuciones, hubo una explicación racional que permitió cerrar el expediente y seguir adelante. El problema es que algunas historias no se cierran de verdad. Solo se tapan.

Décadas después, los antiguos miembros del grupo son adultos marcados por aquel último caso. La vida no ha seguido el guion esperado, y el pasado insiste en regresar como un eco incómodo. La reaparición del misterio no funciona aquí como una simple excusa argumental, sino como una grieta en la memoria: ¿y si la verdad que aceptaron entonces fue una mentira necesaria? ¿y si racionalizar lo inexplicable tuvo consecuencias?

Es en este punto donde Meddling Kids se instala plenamente en la frontera de los géneros. La novela utiliza la estructura del misterio clásico para plantear una nueva investigación, pero pronto se deja contaminar por el horror cósmico, la fantasía oscura y una narrativa que juega con la percepción, el lenguaje y la cordura. Resolver el enigma deja de ser el objetivo principal; lo importante es sobrevivir al acto de mirar demasiado de cerca.

El terror permite explorar el trauma y el miedo heredado, aquello que no puede explicarse con lógica sin perder algo por el camino. La fantasía introduce lo simbólico, lo que se resiste a ser nombrado. El misterio, por su parte, actúa como motor y anzuelo, obligando a los personajes y a los lectores a avanzar, incluso cuando intuyen que la respuesta puede ser devastadora.

Cuatro siluetas de personas y la silueta de un perro, de espaldas frente a las escaleras que conducen a una casa decrépita. Arriba sale el texto "Best seller del new york times" y en la parte inferior Edgar Cantero - Meddling Kids - Traducción de Christian Rodríguez

Edgar Cantero refuerza esta sensación a través de una prosa llena de referencias culturales (es inevitable ver todos los guiños a Scooby Doo, Los cinco, Alfred Hitchcock y los Tres Investigadores, etc) cambios de registro y rupturas de la cuarta pared. Este estilo, que puede resultar desafiante, funciona como reflejo de un mundo narrativo que no es estable ni fiable. Leer Meddling Kids es aceptar que el lenguaje también se quiebra cuando se enfrenta a lo incomprensible.

La novela dialoga de forma consciente con la tradición del misterio juvenil, pero la retuerce hasta convertirla en algo profundamente adulto. Aquí no hay nostalgia cómoda, sino una reflexión amarga sobre el precio de crecer, sobre la imposición en este tipo de novelas de ofrecer explicaciones tranquilizadoras y sobre el peligro de creer que todo puede entenderse sin consecuencias.

Meddling Kids es, en última instancia, un ejemplo brillante de por qué la mezcla de géneros sigue siendo uno de los espacios más fértiles de la literatura contemporánea. Cuando el misterio se cruza con el terror y la fantasía, deja de ofrecer certezas y empieza a plantear preguntas que no buscan respuesta, sino resonancia.


Ficha del libro:

  • Título: Meddling Kids
  • Autor: Edgar Cantero
  • Editorial: Insólita
  • Traducción: Christian Rodríguez
  • Ilustración de cubierta: Fran Mariscal Mancilla
  • Páginas: 416

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