¿Lo hizo un mago? Misterio y género fantástico.

¿Lo hizo un mago? Misterio y género fantástico.
Fotograma de la película Un cadáver a los postres, con todos los personajes sentados a la mesa, mirando alarmados a su anfitrión.

El misterio siempre ha sido mi género favorito. Por eso, que mi primer artículo coincida casi con el cumpleaños de Sherlock Holmes (6 de enero, según los fans) y a una semana del de Agatha Christie (el día 12) es una señal para que hable de esas novelas que nos convierten en detectives de sillón. Como Hercule Poirot, pero sin cobrar. Bendito y maldito belga, que nos enseñó que la vida va de elegir una profesión que nos permita dedicarnos a viajar en trenes de lujo y pasar tiempo en las mansiones de nuestros amigos. El precio es tropezarse con cadáveres y resolver crímenes pero, ¿a quién no le gusta un buen desafío para las pequeñas células grises?

Sin embargo, esto es Droids & Druids y aquí hablamos de literatura de género: fantasía, ciencia ficción, terror. Y, por supuesto, cualquier combinación, como la fantaciencia. ¡Nos gusta la hibridación de géneros! En estas categorías, el misterio y los crímenes caben perfectamente, solo hay que adaptar los elementos al terreno de juego: ya no es “lo hizo el mayordomo”, a no ser que el mayordomo sea una criatura fantástica de adscripción variable. Por ejemplo… ¿Cómo es el trabajo de una detective paranormal que debe lidiar con deidades, monstruos y almas que vagan por distintos planos de la existencia? Caótico, al menos según Sergio Morán. En El dios asesinado en el servicio de caballeros nos presenta a Verónica Guerra, alias Parabellum, una investigadora que se enfrenta a todo tipo de entes con un arma que ya la quisiera para sí el Inspector Gadget: ¿Agua del río Lete? ¿Balas de plata? ¿Agua bendita? Todo esto y mucho más. Por el momento hay cuatro novelas, un cuento infantil, un libro de relatos y otro de “elige tu propia aventura”. Esta detective tiene una vida intensa.

Portada de El dios asesinado en el servicio de caballeros. Un caso de la detective Parabellum", de Sergio Morán

¿Y en ciencia ficción? Pues tenemos la saga de las investigaciones de Mossa y Pleiti, de Malka Older: un retelling de las aventuras de Sherlock Holmes, pero con protagonistas sáficas y ambientado en el espacio, concretamente en las colonias humanas en los anillos de un planeta que recuerda a las atmósferas gaseosas de Júpiter y Saturno. De momento solo está traducida la primera novela de la seria, La imitación de éxitos ya conocidos, y la podéis encontrar en Crononauta. En este libro conoceréis a Mossa, una investigadora introvertida y distante que, siguiendo las pistas de la desaparición de un hombre, llega hasta la universidad donde su ex novia Pleiti estudia los ecosistemas terrestres previos al desastre que hizo emigrar a la humanidad, con la esperanza de un futuro retorno. El paso de los derechos de Sherlock Holmes a dominio público ha sido un regalazo y estoy esperando a que llegue el momento de los de Agatha Christie. Y del Cluedo. Las cosas tan increíbles que podrían salir de ahí añadiéndole magia, tecnología y un puntito (o muchos) de terror.

Portada de La imitación de éxitos ya conocidos, de Malka Older y traducida por Carla Bataller Estruch.

Dentro del misterio, mi subgénero favorito son los whodunnit o misterios de entorno cerrado: una casa aislada por una tormenta, un tren que se queda varado, una habitación en la que nadie más que la víctima puede (supuestamente) entrar ni salir… Es cierto que, si a esto le añadimos elementos del género fantástico, corremos el riesgo de caer en el “lo hizo un mago”. Mago ex machina. Pero eso es trampa y se pueden hacer cosas muy buenas sin usar un truco burdo como “el asesino atravesó la pared”. Que las leyes físicas no sean las que conocemos solamente es un desafío añadido para concebir crímenes más creativos (¡en ficción!) y endosárselos a investigadores con un ingenio de otro mundo. Además, no es como si en novelas sin fantasía ni tecnología avanzada no se hicieran trampas. Es mi momento de recomendar la película Un cadáver a los postres (dir. Robert Moore, 1976), que se burla de los truquitos poco honestos de algunos autores de novela criminal, con parodias de personajes como Poirot, Miss Marple o Sam Spade. Además, Alec Guinness interpreta al mayordomo ciego y el anfitrión es nada menos que... Truman Capote. Bueno, Lionel Twain, pero intepretado por Capote. Corred a verla. Bueno, terminad de leer el artículo, añadid estas novelas a la lista de pendientes y luego corred a ver Un cadáver a los postres (el título en italiano es Invito a cena con delitto y me parece maravilloso).

“Como Diez Negritos, pero en el espacio y con nigromantes” es una manera muy rara de vender Gideon la Novena (Tamsyn Muir), pero funcionó conmigo. Luego odié que hubiera funcionado, porque la trilogía tetralogía de La Tumba Sellada es un pozo muy profundo al que caer y allá abajo todos aguardamos Alecto la Novena como quién espera comprender lo que está pasando en alguno de los libros de la saga antes del 80%: en la vida (y en la muerte) también hay que tener ilusiones. La cuestión es que todo empieza con la mencionada Gideon la Novena y con un castillo en el espacio en el que representantes de las nueve casas se han reunido para participar en un concurso-oposición con un premio que les solucionará la vida (eterna). Pero empiezan a pasar cosas y hay muertes que ni los mejores nigromantes pueden arreglar. ¿O sí? Y hasta ahí puedo decir…

Portada de "Gideon la Novena", de Tamsyn Muir.
Portada de "Gideon la Novena", de Tamsyn Muir

Otro juego con consecuencias mortales lo tenemos en La Sonrisa del Escorpión, de Celia Añó. En esta novela, publicada por Obscura, nos encontramos una curiosa variante de “Pueblo Duerme”. Doce jóvenes recluidos en una isla remota ensayan para una partida final, con roles muy marcados y una red de alianzas, tejemanejes y traiciones que podrían poner freno al asesino (con el rol de “Escorpión”) o, si todo va mal, allanarle el camino. Pero ¿qué pasa cuando alguien se levanta de su (literal) tumba con ganas de sacudir el tablero?

Portada de "La Sonrisa del Escorpión", de Celia Añó.
Portada de "La Sonrisa del Escorpión", de Celia Añó

¿Qué hay más aislado que ser los únicos supervivientes de un apocalipsis? El último asesinato en el fin del mundo (Stuart Turton) nos habla de una isla poblada por aquellos que pudieron huir de una misteriosa niebla que causó una extinción masiva. Allí han construido una nueva y utópica sociedad, gobernados amablemente por los tres científicos que lideraron el proyecto que salvó a esa pequeña parte de la humanidad. Sin embargo, alguien no está contento con su labor; cuando uno de los científicos es asesinado, el sistema de seguridad que rige la vida en la isla borra de la memoria de los supervivientes cualquier recuerdo relacionado con el crimen e inicia una cuenta atrás: si en las siguientes 107 horas no se descubre el culpable, la isla quedará desprotegida, a merced de una niebla que lo arrasará todo. Sin presión, ¿eh? Este autor también explora el tema de los asesinatos en mansiones de gente acaudalada en Las siete muertes de Evelyn Hardcastle. En esta novela el detective se ve envuelto en un bucle temporal similar a El Día de la Marmota del que no podrá salir hasta que resuelva el crimen. Está en mi pila de pendientes para 2026.

Portada de "El último asesinato en el fin del mundo", de Stuart Turton

Como veis, las posibilidades para llevar crímenes de entorno cerrado al género fantástico sin hacer trampas son muchas y muy variadas.  La magia,  los viajes en el tiempo, la tecnología o la nigromancia son herramientas que pueden trastear con las normas del género y utilizarlas como plataforma para juegos de ingenio. Además, como ya he dicho, tengo grandes esperanzas para cuando las novelas de la era dorada del misterio pasen a dominio público y puedan servir para construir universos alternativos en los que Miss Marple sea una hechicera jubilada con poca paciencia y los mayordomos robóticos se liberen de sus virtuales cadenas y puedan dedicarse a investigar y no a servir al detective de turno.  Ojalá ser inmortal para escribirlos yo misma. Espero que alguien se encargue de leérmelos vía ouija, que seguro que para entonces ya hay cobertura universal.

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