Hacerse planta para plantar a un dios

"Pan and Syrinx",  de Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens (1625).
"Pan and Syrinx", Jan Brueghel el Viejo y Peter Paul Rubens (1625).

La metamorfosis es una constante en las mitologías de todo el mundo. Zeus esconde (mal) sus indiscreciones de los ojos de Hera transformándose él mismo o a sus amantes en diversos animales o fenómenos meteorológicos, Loki se convierte en yegua para distraer a un caballo (con consecuencias literalmente embarazosas), las selkies alternan entre la forma de foca y la humana al mudar su piel… En todas las culturas hay metamorfosis, pero la mitología grecolatina tiene tantas que fueron recogidas por Ovidio en Las Metamorfosis en torno al año VIII de nuestra era.

Todas las transformaciones tienen un motivo, y el de escapar de una amenaza es uno de los más populares: por ejemplo, Deméter, la diosa griega de la agricultura, se convierte en yegua para escapar de las intenciones carnales de Poseidón (que es su hermano, pero estamos hablando de mitología griega; es mejor no analizar esto mucho más). Sin embargo, el dios del mar es inasequible al desaliento y se hace caballo. Y, al igual que en el caso de Loki, la cosa termina en embarazo.

Por “suerte”, algunas muchachas sí han podido escapar exitosamente de las atenciones no deseadas por parte de un dios. Y he puesto “suerte” entre comillas, porque es una desgracia que la única manera de librarse de una deidad que no acepta un “no” por respuesta sea convertirse en otra cosa para siempre, abandonando su vida y a sus seres queridos. Vuelvo a mencionar a Zeus y a Poseidón como responsables de los destinos de Calisto y Medusa respectivamente. Tras ser agredidas, ambas fueron “castigadas” por Artemisa y Atenea respectivamente. Calisto fue transformada en una osa y, según algunas versiones, enviada a las estrellas. Por su parte, Medusa acabó convertida en gorgona y retratada como un monstruo hasta hace relativamente poco (en la cultura popular), ya que últimamente se ha resignificado su imagen y reconocido su condición de víctima. Por supuesto que Medusa es la mala si es Perseo quién cuenta la historia.

Pero no solo de animales va la cosa. Recientemente, investigando sobre botánica y los significados metafóricos de flores y plantas, me di cuenta de que el patrón de “chica llama la atención de un dios - chica dice que no está interesada – el dios insiste (repetir este paso varias veces) — chica solamente consigue zafarse transformándose en un elemento vegetal". Voy a hablar de tres casos de la mitología clásica, pero estoy segura de que en muchas más culturas y tradiciones hay muchachas que no tuvieron otra salida más que hacerse planta para plantar a un dios.

Apolo y Dafne

Esta historia se ha romantizado en algunos contextos, probablemente porque dio lugar a obras de arte maravillosas como la escultura de Bernini.

Escultura "Apolo y Dafne" de Gian Lorenzo Benini (1622-25).

Pero la obsesión no tiene nada de romántico (aunque estoy segura que habrá retellings del mito clasificados como dark romance). La historia es la siguiente: Dafne era una ninfa hija de un dios-río al que en muchas versiones se le llama Ladón. Apolo se obsesionó con ella y la persiguió sin descanso hasta que ella, desesperada al no poder librarse de él, pidió ayuda a su padre (¿hace falta un dios para vencer a otro?), quien la transformó en laurel. Me parece una solución un poco rara y radical, pudiendo hablar con el sujeto en cuestión y ponerle las cosas (más) claras. Pero bueno, los razonamientos de un dios-río son diferentes a los míos. Muchas de las versiones del mito ponen el origen del asunto en una venganza de Eros (también conocido como Cupido): Apolo se había jactado de ser mejor aquero y Eros había disparado dos flechas: una de oro a Apolo, para hacer que se enamorase de Dafne, y otra de plomo a ella, para causarle un rechazo visceral hacia el dios. En cualquier caso, la muchacha no tenía la culpa de los piques de los dos señores divinos y se vio envuelta en una situación de la que solo pudo salir mediante metamorfosis, convirtiéndose en planta para toda la eternidad. Todo por un par de flechazos mal dados y un señor que, hechizado o no, no sabía aceptar un “no” por respuesta.

            El laurel crece cerca de cuerpos y fuentes de agua, con lo que parece que la naturaleza y la familia de la ninfa siguen presentes en su nueva forma. Esta planta se utiliza muchísimo en la cocina, como saborizante en guisos o como ingrediente en los licores de hierbas, y tambié protegen los recipientes con arroz o legumbres, para evitar que se estropeen. También se usa como cura a múltiples afecciones en la medicina natural (desde antiinflamatorio hasta sedante, pasando por remedio digestivo e incluso desinfectante). Además de esto, la simbología del laurel en la magia es muy potente, siendo utilizada esta planta como protección contra el mal de ojo. Supongo que tiene cierto sentido, ya que la transformación protegió a Dafne de una amenaza pero, de nuevo, hay cosas que es mejor solucionar con una conversación y argumentos contundentes (literal o metafóricamente).

 Pan y Syrinx (o Siringe, Siriginga y otras variantes. Yo voy a usar Syrinx)

La imagen que encabeza el artículo es una representación de este mito. Syrinx era una náyade de cuya ascendencia no se dice nada. Lo que sí se cuenta es que veneraba a Artemisa y, al igual que ella, prefería la caza y los bosques a los escarceos amorosos; de hecho, al igual que la diosa, protegía su virginidad. Pero Pan era un sátiro y ese término, tal y como lo entendemos hoy en día, ya nos dice mucho; las palabras significan algo. El caso es que Pan tampoco aceptaba que Syrinx no quisiera tener nada con él, y la persiguió físicamente hasta que la náyade, acorralada, rogó a sus hermanas y amigas que la salvasen. Estas también optaron por la metamorfosis y, dado que se encontraban a la orilla del río (según algunas versiones, el río Ladón, que ya es mala suerte, el señor debía de ser gafe), la transformaron en unas cañas. ¿Detuvo esto al sátiro? Pues… No mucho. Pan se abrazó a las cañas, que emitieron un sonido quejumbroso que al individuo le gustó, así que se hizo su flauta a partir de ellas. Supongo que este no es un final feliz para nadie, porque ni la metamorfosis consiguió salvar a Syrinx del contacto físico no deseado.

 Vertumuso y Belides

Este mito es menos conocido, quizá porque del dios estrusco / romano Vertumnus (cuyo nombre, de hecho, proviene de vertere, que significa cambiar) se habla más respecto a su relación con Pomona (una deidad de la fruta y las huertas). O del retrato de Rodolfo II, Emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, que quiso ser inmortalizado imitando a este dios. Este es el resultado. Juzgad vosotres mismes, que a mí me da la risa.

"Rodolfo II como Vertumnus", de Giuseppe Arcimboldo (1591).

La verdad es que lo que he encontrado sobre este mito siempre ha aparecido al investigar sobre las flores, en concreto sobre las margaritas, así que es posible que alguien se inventase esta historia para darle un origen mitológico a la flor en cuestión. Pero un mito es un mito, ¿no? Da igual que no tenga dos mil años de antigüedad, nadie le va a hacer la prueba del Carbono-14.

La historia viene siendo la misma: un dios se siente atraído por una muchacha y la acosa hasta que esta no ve otra escapatoria más allá de transformarse en flor, en este caso, la margarita. Tiene su gracia (o, más bien, no) que precisamente sean sus pétalos con los que los enamorados, o quienes creen estarlo, juegan al oráculo del “me quiere – no me quiere” mutilando a la pobre flor que no tiene la culpa de nada. Sobre todo cuando hay quién, como Vertumnus,  no sabe aceptar un “no me quiere”.

 Aunque no todas las historias tienen su moraleja, el conjunto de las que he contado aquí sí la tiene: estos mitos, por mucho que sean ficción y pinten orígenes mágicos para plantas y flores, envían un mensaje bastante feo: la única manera de escapar de un señor que te acosa es la metamorfosis. Es decir, inmolarte, renunciar a tu vida y a todo lo que eres para como única manera de detener el ciclo de abusos. Eso está bastante feo, por decirlo suavemente. Así que, escritores de retellings: aquí tenéis material para reapropiarnos de la historia. Medusa solo ha sido una de tantas; en lo malo, sí, pero también en lo bueno. Dadle a la tecla, que quiero leer historias de metamorfosis botánica que no acaben con la víctima transformada en un puñado de hojas.

 FUENTES

Dies Valls, Clara. Herbario de un mundo desaparecido. 2025. Luciérnaga.

Kell, Katharine T. “The Folklore of the Daisy”. The Journal of American Folklore

Vol. 69, No. 271 (Jan. - Mar., 1956), pp. 13-21.

López Terrada, María José. “El mundo vegetal en la mitología clásica y su representación artística”. Ars Longa núm. 14-15, 2005-2006. Universitat de Valencia.

Roux, Jessica. Floriography: An Illustrated Guide to the Victorian Language of Flowers. Andrews McMeel Publishing. 2020.

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