RESEÑA DISPATCH

RESEÑA DISPATCH

Todos sabemos lo que es un superhéroe, ¿no? Si has nacido posteriormente a la década de los 80 y en tu casa te dejaban la televisión encendida con el mando al alcance, lo más probable es que hayas visto a algunas de estas figuras heroicas dándose tundas vestidos de mallas. Spiderman, Iron Man, Los 4 Fantásticos, Ladybug... Todos tienen en común esta figura heroica que se mantiene fiel a sus principios con voluntad de hierro y con una fijación altruista por ayudar al necesitado. Si bien estas virtudes son lo bastante atractivas para que los pequeños se enganchen a las pantallas, lo que hace que a muchos nos marquen sus historias mientras crecemos es la parte más cotidiana de las vidas de estos héroes, la parte más humana. 

¿Y acaso hay algo más humano en el siglo XXI que trabajar 8-10 horas diarias en una oficina? Pues eso es lo que propone el estudio AdHoc con Dispatch. Este estudio fundado por ex-desarrolladores de TellTale Games, conocidos por otros juegos narrativos como Wolf Among Us o The Walking Dead, nos invita a ponernos en la piel de Mecha-Man o, más bien, en la de Robert Robinson, tercer y último heredero familiar de la armadura mecanizada defensora de Los Ángeles. Mecha-man es un super-héroe muy querido y valorado en el universo de Dispatch, pero por desgracia a Robert le ha tocado caer en la parte más baja de su ciclo de héroe tras quedar destruida su armadura a manos de Shroud, némesis de Mecha-Man y asesino de su padre. 

Convenientemente para Robert, la super-heroína Blonde Blazer le ofrece reparar la armadura a cambio de trabajar para una empresa de seguridad superheroica como gestor de emergencias dentro de un equipo de superhéroes. Un trabajo en apariencia sencillo dada la experiencia superheroica de Robert y que podrá realizar cómodamente desde una oficina, si no fuera porque tiene que dirigir al Z-Team como parte del Programa Fénix, un equipo formado por antiguos supervillanos inadaptados que buscan la redención y empezar a cotizar por una vez en sus vidas.

Entre todos cotizan lo mismo que un tiktoker

Y con esta premisa, Dispatch nos revela un mundo de “supers” que navega entre lo mundano y lo directamente macarra. Con unos diálogos tan ágiles y despiadados como cómicos, acompañado de un magnífico doblaje e interpretación –en perfecto inglés– que nos recuerdan a obras como The Boys o Invincible tanto en la crudeza con la que trata a sus personajes como a la hora de enseñar un pezón. Sin embargo, esta personalidad única que demuestran los diálogos brillará con mayor intensidad ante los más duchos en el idioma de Shakespeare, puesto que tanto la chispa como el humor de las escenas pierden algo de su impacto entre los subtítulos.

Continuando con la tradición de los juegos de TellTale, Dispatch es un juego episódico. Es decir, se divide en ocho episodios de 1-1.5 horas de duración, los cuales se fueron estrenando en formato de 2 episodios semanales desde el lanzamiento y donde cada episodio se divide claramente en dos segmentos diferenciados. 

Ratón de bola, indispensable

Por una parte, cuando Robert se sienta en la silla, Dispatch se transforma en un juego de gestión. Durante estos segmentos, el gameplay consistirá en un mapa de Los Ángeles en el cual irán apareciendo avisos para atender diferentes tipos de crisis. Tu trabajo como gestor consistirá en elegir qué héroe o equipo de héroes es el más adecuado para atender el aviso según las características del mismo. 

Pantalla de Apple 2 + Fotos de perfil de Tinder = AESTHETIC

Cada héroe presenta una serie de atributos que conforman un gráfico de volúmenes que se superpone al gráfico de atributos requeridos para una misión, a su vez estos requisitos se ocultan a través de pistas escritas en la descripción de cada aviso. Cuanto mejor coincidan dichos gráficos, mayor será la probabilidad de éxito de la misión, lo cual reportará experiencia para los héroes hasta que suban de nivel, pudiendo mejorar sus atributos. Al mismo tiempo los miembros del Z-Team poseen y pueden aprender habilidades activables que permiten cambiar sus atributos, pudiendo configurar nuevas estrategias para enfrentarse a las misiones.

En líneas generales, la jugabilidad consiste en una suerte de juego de adivinanzas combinado con un juego de gestión cuya complejidad aumenta conforme aparecen nuevas mecánicas en los avisos. Con una curva de dificultad bastante amable –salvo en el último tramo del juego – , la parte más dispatcher de Dispatch es lo bastante satisfactoria como para querer buscar el 100% de éxito en cada turno si, como yo, eres un maniático de la perfección.

Por otro lado tenemos los segmentos de jugabilidad narrativa, donde seguimos la historia de Robert mientras intenta adaptarse a su nueva vida como gestor del Z-Team, algo que sus compañeros no le van a poner nada fácil. Y es que Robert tiene que lidiar con un equipo lleno de semi-héroes egoístas, violentos, mal hablados y con tendencias delictivas que no le muestran ni una pizca de respeto. Por suerte para Robert, cuenta con el superpoder de dar unos tremendos discursos motivacionales, lo que le permitirá estrechar lazos con los miembros del equipo y conseguir que trabajen juntos sin intentar matarse los unos a los otros.

Son puñaladas entre coleguillas

De forma inesperada, el propio formato episódico de Dispatch permite mantener la narrativa fresca durante todo el juego, puesto que cada episodio consta de una estructura narrativa completa –con su propio inicio, nudo y desenlace– , al mismo tiempo los episodios estrenados en pareja configuran entre sí un arco argumental. Esta es sin duda una manera magistral de mantener al jugador enganchado a la narrativa, ya que permite que el jugador disfrute de tramas cerradas, ofreciéndole descansar entre cada episodio –o par de los mismos– , mientras la sombra de la trama principal que constituye el trasfondo del juego continúa asomándose al final de cada uno, incitando a comenzar otro episodio hasta culminar en un final apoteósico.

Pero incluso dentro de su parte más “televisiva”, Dispatch no olvida que sigue siendo un videojuego. Y si bien la narrativa es fundamentalmente lineal y Robert parte de ser un héroe deslenguado, directo y algo vacilón, el juego nos permite algo de maniobrabilidad dándonos a elegir entre varias opciones durante los diálogos y en escenas de acción. Estas decisiones impactan en cierta medida en la relación entre Robert y los demás miembros del Z-Team, al mismo tiempo que te permite orientar la personalidad heroica de Robert y configurar la trama del juego hacia uno de sus inevitables finales. Y si bien el cartelito de “Recordará esta decisión” puede intimidar a los jugadores, son realmente escasas las decisiones que tienen un impacto notorio dentro de las tramas principales del juego, por lo cual yo os animo a que juguéis sin presión e impersonéis al Robert que más os apetezca en ese momento. No olvidéis que siempre se puede jugar otra partida.

Siempre hay que chocar el puñito

Y con todo esto, Dispatch ha resultado ser una increíble sorpresa de final de año para los amantes de las historias macarras de superhéroes y una gran recomendación para superar la clásica apatía videojuerguil de inicios de año. Y es que los comienzos siempre son duros, pero el valor de los héroes siempre reside en su voluntad y no en sus poderes. La voluntad de no rendirse ante la adversidad, de aprender de los errores y saber enmendarlos. La voluntad te permite ser un héroe incluso desde una mesa de oficina.

Chuletón (el perro) es el mejor

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